Por Edmundo Ledesma
Hace unos meses, el presidente Luis Abinader presentó la iniciativa “Meta RD 2036”, que contempla 85 acciones clave para transformar la economía y duplicar el Producto Interno Bruto (PIB) de la República Dominicana al año 2036.
En otras palabras, se trata de un ambicioso proyecto que busca que, para esa fecha, el PIB dominicano converja con el de países desarrollados.
Actualmente, el PIB de la República Dominicana ronda los 124 mil millones de dólares. Sin embargo, el verdadero desafío está en el PIB per cápita, que hoy es de aproximadamente 10,000 dólares, mientras que en países como Estados Unidos, Suiza o Noruega supera los 60,000 dólares.
Para alcanzar ese nivel en dos décadas, el país necesitaría crecer a un ritmo de 9.4% anual, casi el doble de su promedio histórico de 5%. Entre 2008 y 2019, la economía creció en promedio un 5% anual, pero entre 2022 y 2025 apenas alcanzó un 3.89%, reflejando una desaceleración de 1.11 puntos porcentuales. Con ese desempeño, la meta resulta inalcanzable.
A esto se suma que, mientras en gobiernos anteriores se invertía alrededor del 4% del PIB en gasto de capital, hoy solo se destina un 2%. La falta de inversión en infraestructura limita la capacidad productiva y el desarrollo equilibrado de las regiones.
En su libro Macroeconomía, los economistas Rudiger Dornbusch, Stanley Fischer y Richard Startz sostienen que “en los países en vías de desarrollo, la creación de una infraestructura que funcione satisfactoriamente es más importante que el desarrollo de nueva tecnología, ya que esta última puede importarse”.
Invertir en carreteras, agua, electricidad y saneamiento no solo mejora la calidad de vida, también impulsa la producción, reduce costos, facilita la acumulación de capital humano, diversifica la estructura productiva y genera empleos. Hacer lo contrario, como ocurre actualmente, frena el potencial de crecimiento.
En su primer año de gobierno, Abinader propuso doce reformas estructurales, incluyendo la fiscal, la educativa, la de salud, la policial, la laboral y la del sector eléctrico. Sin embargo, la mayoría quedaron pendientes, salvo la reforma constitucional, considerada por muchos como la menos relevante.
Hoy, con Magín Díaz al frente del Ministerio de Hacienda y Economía, se habla de un posible Pacto Fiscal con el sector empresarial, tal como establece la Estrategia Nacional de Desarrollo. Si se logra, podría ser el primer paso para retomar las reformas necesarias.
Soñar con una República Dominicana semejante a Dinamarca, Suecia, Suiza o Noruega puede parecer una utopía, casi imposible. Pero sin las reformas institucionales y fiscales profundas, esa meta no pasará de ser un ideal.



